Era una fría mañana del 27 de febrero, en la ciudad de Pamplona, el día transcurría con la monotonía bien cobijada de la ciudad estudiantil: clases, risas, juego, chistes, evaluaciones... pero hacia las tres de la tarde el sol empieza a brillar de manera sorprendente, se siente la calidez y la esplendidez del universo entero pues irrumpe en este mundo el primer llanto de una hermosa bebé a quien sus padres, Henny y Paola, le colocan el nombre de ANASOFÍA con el cual le hacen honor a la sabiduría presente en la mujer y de paso recuerdan con gratitud el nombre de personas muy queridas de la familia.
La alegría fue inmensa pues no podía de mejor manera la energía cósmica que construye y gobierna el universo darnos un nuevo regalo para alegrar nuestros días y sentir la portentosa maravilla de la creación y del cosmos.
La bebé se acomodaba plácidamente al nuevo mundo.

